Rafael Martínez-Simancas / 10-10-2013

Los burros han padecido una mala fama debida a que han sido demasiado dóciles y buenos.

La semana pasada en la reserva de burros de ADEBO, en Rute, nació la pequeña Platerilla a la que me une una especial relación fraternal: es mi nieta puesto que es hija de Avutarda. La pequeña Rucha es también hija de Gandhi, el burro de Jesús Quintero. No es la primera vez que Avutarda, que ya ha cumplido doce años, me hace abuelo. En la anterior ocasión tuvo un borriquito con el “hijo” de Diego Carcedo, “Carballón”, que posteriormente mejoró de estirpe porque fue apadrinado por la reina Sofía cuando visitó las instalaciones en la sierra subbética.

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DON DE GENTES - El burro y el salvaje

La broma cruel y el maltrato a los indefensos adornan algunas de nuestras fiestas más arraigadas

ELVIRA LINDO 21 DIC 2014

Había que celebrar el centenario de la publicación de Platero y yo y, qué caramba, lo hemos hecho por todo lo alto. En principio, lo previsto en el programa es que los actos de celebración se centraran en Moguer, el pueblo al que el poeta Juan Ramón dedicara tantos y tan sentidos poemas, pero ya se sabe el tirón que tiene la literatura en nuestros días, y hubo alguien en Lucena (Córdoba) que se quiso adelantar y dar el campanazo. Lo dicho, en este país no podemos parar de crear. El cuento resultante de la efeméride no ha podido ser más navideño, pero no en la onda edulcorada de los anuncios de la ONCE o del turrón, en absoluto, este es un cuento como extraído de la antología de esas narraciones ancestrales en las que jamás se evitaban ni la crueldad ni la muerte.

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Inauguramos nuestra sección de noticias con la publicación de un texto genial sobre los burros del gran periodista y escritor Eliseo García Nieto.

NO HAGÁIS CASO A VUESTRAS MADRES

Antes de que lo convirtiéramos en un cementerio vacío de peces, lleno de cadáveres de desesperados y con las costas repletas de rascacielos a guisa de despreocupadas lápidas, el Mediterráneo lo surcaban tantas embarcaciones precarias como ahora; y al igual que hoy día, la mayoría de sus ocupantes eran de cutis tirando a oscuro, pues procedían del Oriente Próximo y el África Septentrional. También muchos de aquellos fenicios se dejaron la vida en el intento de llegar a Europa. Uno de sus barcos, casi intacto, fue hallado 2.500 años después de su naufragio frente a la murciana Mazarrón y es una de las mejores piezas del magnífico Museo Nacional de Arqueología Subacuática, en Cartagena, una de esas visitas obligadas para saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde es posible que nos veamos obligados a ir de nuevo.

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