Homenaje a Rafael Martínez-Simancas

Avutarda” y yo

Me he venido al Sur, a mi pueblo que flota en el mar del olivo: Rute, en Córdoba. Ayer sábado me hicieron arriero honorífico de ADEBO (Asociación de Defensa del Borrico Ibérico), y bauticé con anís de guindas a mí ahijada “Avutarda”. El nombre se lo he puesto a propósito, quiero que sea el primer borriquito que vuele. Su tacto no es de algodón, como Platero, sino tembloroso y rizado, como los burros que se hicieron la Sierra Morena cuando el AVE era una pezuña lenta por la cresta de una loma.

Gracias a ADEBO, y a su hacedor Pascual Rovira, he cumplido el sueño infantil de tener un burro para mí. Pero, en lugar de ensillarlo y darle vida triste, “Avutarda” galopa por las praderas de la reserva natural. En cierto modo es una borriquita hippie con ojos de chica atrevida. Si no fuera por la labor de Pascual, el burro andaluz (una de las tres especies que hay en España), habría desaparecido. El ser humano, cuando olvida que es un animal, se convierte en algo despreciable. Y, en su carrera hacia el progreso, ha ido traicionando a los animales que le acompañaron, hasta acabar traicionándose a sí mismo. Hoy, los médicos naturistas, recomiendan que los niños pasen algún fin de semana en el campo, en contacto con la naturaleza. Los sicólogos infantiles empezaron a mosquearse cuando los niños pintaban pollos asados, que giraban sobre un eje, porque pensaban que era así como Vivian en las granjas.

Rovira es un poeta que igual saca un soneto de Garcilaso que prepara una cama de alfalfa. Personaje singular que supo atraer, para la causa del borrico, a: Rafael Alberti, Cela, Gala, Raúl del pozo, Carlos Herrera, o Tico Medina. Tan hábil que le regaló, a cada una de las infantas, un jumento para posteriormente encontrar hijos que, socialmente son contra natura: una borriquita republicana, (la de Alberti), coyunda con burro monárquico, (el de una infanta). De la unión sale un cuadrúpedo saltarín simbólico de la nueva España sin complejos.

El siguiente paso de Pascual será lograr que la Real Academia rebaje el tratamiento peyorativo a los asnos. Dice que casi lo consigue con Cela, pero el Nobel le respondía: “no me toques la lengua, que la Academia tiene otras cosas más importantes que resolver”. Entre Pascual y don Camilo, se estableció una relación parecida a la del cartero con Neruda. El uno encontraba el complemento del otro. La semana que viene, Marina Castaño va a dar una comida a los amigos de Camilo, en Rute. Allá dónde el Nobel aprendió a esta en libertad, como si de un burro de la reserva se tratara. Es cierto que entre el pensar, y el pienso, tan solo hay un matiz difícil de explicar con la boca llena.

Que borricos son los hombres, y qué humanos los animales. Sin duda.