ELOGIO DEL ASNO. CAMILO JOSÉ CELA (Premio Nobel de Literatura).

Uno de los tesoros literarios que guardamos en la Sacristía es este magnífico artículo que el insaciable escritor nos dedicó:

El hombre , que es bestia desagradecida de natural, llama burro al necio y cerdo al sucio, quizá me ocupe de estas dos desconsideradas licencias dentro de poco, que ahora toca loar a quien bien se lo merece : el primero de los dos animalitos dichos.

 

Porque el asno ha sido siempre más noble, más sincero, más tenaz, más listo y más animoso que su amo, el aldeano, que suele recelar de cuanto le rodea, ha corrido la especie calumniosa de que tal bestezuela es terca, necia y desmandada.  A mí me parece que la mala prensa que siempre tuvo el asno entre nosotros es fruto de la envidia y del desprecio que suele sentirse hacia los familiares que, de tan próximos, se les pierde el respeto y la consideración,  se les moteja de tal modo y hasta se les maltrata sin piedad.

El asno, considerado como animal, suele ser más bello y de más noble porte que el campesino que lo cabalga y lo maltrata; me remito al testimonio de las viejas fotografías color sepia de antaño, en las que lugareños feroces y mal encarados se ensañan sobre sus lomos y junto a perros, gatos,  gallos y cabras que tienen un porte más airoso y elegante que sus amos, también más fuerte y más apasionado. El asno como la mula, es ser vivo que no tropieza dos veces en la misma piedra y sus convicciones son tan firmes que resiste el palo antes de dar el paso hacia donde no conviene. El asno, en un sabio alarde de cinismo, se pasa la vida intentando mantener en la cabeza de su amo la idea de que el hombre es más listo,  decidido y noble que él,  lo que sabe que no es cierto; el asno se lo ha puesto difícil,  pues debe hacer verdaderos esfuerzos por mostrarse más estúpido,  cruel y rencoroso que el amo. Los asnos son airosos y gloriosos y su rebuzno es una hermosa y fortísima música de viento que se ejecuta con las entrañas y su denso trepidar cala en el oído del prójimo; además tiene el curioso rasgo de buen humor  de andar siempre a cuesco limpio, ya que sabida es su afición al ventoseo cadencioso,  con ese aire saludable e inocente como el agua clara y la verde yerba que beben y comen y que huele a campo atardecido. El asno olfatea desde muy lejos el amor y el peligro, tiene una boca delicada,  unos ijares sensibles, un brazo impar y musculoso y un juicio claro en cada extremidad, y así siempre sabe dónde pisa y lo hace además con especial cuidado. El asno es fiel, cariñoso y muy amigo de los niños,  a los que trata con delicadeza a diferencia del carnero que es impetuoso , del gallo que ataca por la espalda y del puerco es glotón,  deshonesto y traidor y que a veces  protagoniza verdaderos horrores en las aldeas .

¿Qué se hizo de aquella floreciente población de asnos que tenía España antes de la guerra civil?

Entonces cada familia tenía su borrico y entre todos sumaban el millón cumplido. Fue nuestro ojo desconsiderado y utilitario quien hizo desmerecer al burro frente a la motocicleta y al tractor, olvidando su gracia que le hacía permanecer como animal de ayuda y compañía.  Pienso que aquellas razas pequeñas y saltarinas que provocaron la admiración de Jérome y Jean Tharaud en sus correrías por Marruecos,  bien podrían acompañarnos aún en nuestras fincas.

Intento ahora arrimar unas líneas a la obra de quienes dignificaron antaño a esta noble bestia. El alto poeta JUAN RAMÓN JIMENEZ cantó a Platero sin enmascarar  entre los velos de la lírica lo más diáfano y hermoso de su protagonista: que era verdadera y sencillamente un asno.

Yo estoy muy orgulloso de mis burros, cuyos nombres ya dije en cierta ocasión y que cuida en su pueblo de tan sabroso anís como delicados y nutritivos alfajores y polvorones, mi benemérito amigo PASCUAL ROVIRA. Si me fuesen propicios los clementes dioses y me dieran salud de cuerpo y holgura de bolsa, criaría en mi proximidad medio ciento de parejas de asnos peludos, suaves y saltarines, que viviesen y procreasen en libertad y que llevasen con dignidad y orgullo su condición.