APOLOGÍA DEL ASNO

El asno, la acémila, el pollino tan despreciado por el hombre pero tan íntimamente servicial, y al que este le debe en gran parte lo que es y que generoso, ha dado al antropoide listo mucho más de lo que él como borrico recibió la carga y el palo.

Hoy le he recordado como cartero del pasado que llevaba en sus repletas alforjas, con paso firme y seguro, la radio, el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión.

El asno fue como una síntesis de todos los medios de comunicación en tiempos pretéritos,  en una transmisión lenta, lenta, pero segura de los millones de familias a lo largo de todo el mundo. No gastaba petróleo como el coche moderno , pese no tenerlo bajo los cascos por allá en la Arabia donde tanto era utilizado en el desierto , contentándose el pobre hoy con unas ortigas , mañana con un cardo y otro día masticando  las ásperas gramíneas o cualquier hierbajo para sustentarse , haciendo muy poco gasto y dando mucho rendimiento. Dotado de finísimo oído, aguda vista y excelente memoria, conocía todas las sendas y vericuetos con sólo haberlos recorrido una sola vez, como también a su poco compresivo amo. Originario de África, del desierto de Nubia, y descendiente de una especie salvaje hoy desaparecida, el burro ha ido siempre unido a la literatura,  el arte y religiones.

Recordemos el Asno de oro del latino Apuleyo, los pollinos más modernos como el espiritual Platero de Juan Ramón Jiménez, el Asno de Buridan del Nobel Cela y la infinidad de nobles rucios imaginarios  o de carne y hueso que amaron y sacaron de apuros a las más modestas gentes de los campos .

Muchos niños se criaron con leche de burra, muy parecida en su composición,  no sé porque mismo, a la de la mujer, y bellas déspotas como Cleopatra aumentaron sus encantos bañándose con leche de este humilde équido.

Los asnos salvajes, antecesores del doméstico,  o están extinguidos o solo quedan unos cuantos ejemplares en los zoos.

Los burros domésticos se encuentran ya en total decadencia,  sustituidos por los que más corren, y llevan en sus entrañas el pienso del petróleo.

De las razas puras quedan en España poquísimos ejemplares.

Por eso se constituyó en Rute ADEBO, bajo el lema " Ponga un burro en su vida" en un esfuerzo desesperado de salvar a los pollinos.

Presidida por el entusiasta y joven ruteño Pascual Rovira ha instituido el título de Arriero Honorario, concedido hasta ahora, a Juan Ramón Jiménez, a Camilo José Cela y a mi tío Rafael Alberti, que siempre han demostrado su profunda simpatía hacia los équidos.

Mi tío Rafael y su primo Agustín cuando eran pequeños jugaban a que querían ser burros o caballos, y Rafael en su poema en prosa Discurso se transforma en un burro y nos dice." Oh aquel día en que fui burro entre el estrépito de una lata... (Atada al rabo y llena de pedruscos)

Continuará....

IGNACIO DOCAVO ALBERTI

(Catedrático de zoología, fundador de ADENA.)